miércoles, 2 de abril de 2025

EL NACIMIENTO DE LA "COLONIA CELINA" EN EL DISTRITO TALA

En realidad, este trabajo de investigación está preparado para su publicación en la Segunda Edición de "VILLA URQUIZA.LA PRIMERA COLONIA AGRÍCOLA ARGENTINA" - corregida y perfeccionada con mucho más información que en la primera edición ocurrida en 2004. 

Respecto a la "corrección" hubo un error involuntario en la imprenta de la Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, donde se equivocaron en tomar el texto corregido, luego de la prueba de galera, dejando tal cual el material crudo que fue impreso en la cantidad de doscientos libros. Luego de darse cuenta de lo ocurrido, se imprimió otra cantidad. Por lo tanto se impone realizar una presentación mejorada, con gráficas de calidad, en la que también abundará la información genealógica, para sostener como principio que la historia nace desde las personas, las familias, y luego se produce la generalidad de los hechos que se narran con posterioridad. 

Por otra parte, como desde hace tiempo la curiosidad va en aumento en cuanto al origen de la COLONIA CELINA, vamos a adelantar este trabajo para satisfacer la curiosidad de los paisanos de aquellos pagos de la campaña del departamento de Paraná.

Haremos reserva del material gráfico, para la mencionada publicación que... será subida a la nube para que puedan accedar con facilidad, en el año en curso, junto con los demás libros editados y por editar.

Los campos de José Francisco Antelo

En primer lugar y para evitar algunos malos entendidos respecto al inicio de esta colonia agrícola, en el periódico “La Opinión de Entre Ríos” de Paraná el 15 de octubre de 1883, se publicó el siguiente suelto de prensa: “En Villa Urquiza se congratulan por la decisión adoptada por el veterano Coronel (José Francisco) Antelo y del General Juan Ayala, dueños de grandes extensiones de tierra en la zona, de sacar a la venta las mismas a precio y forma de pago muy accesible”.

Dichos campos eran los habidos por la compra que Antelo le hizo al Gobierno de una legua cuadrada, que luego compartiría con el general Juan Ayala, ya que la herencia de las pocas tierras de su padre la había compartido con su hermano Juvenal. Los campos del ‘gallego’ José Antelo Méndez también se ubicaban dónde está actualmente Colonia Celina y, aunque tenía su estancia en ese lugar, él y su familia vivían en la ciudad de Paraná, en una finca cercana al Parque General Urquiza de la actualidad.

De acuerdo al Censo de Paraná de 1849, en Paraná en la Casa 5 vivía don José Antelo de 58 (1793) años, español, comerciante, y su esposa Petrona González, de 44 (1805) años (Censo 1849[1]. El ex Gobernador José Francisco Antelo vivió en Villa Urquiza, después de haber adquirido la finca del comerciante inglés John Wood* que la construyó, casa que en la actualidad conocemos como el Museo Aceñolaza, frente a la plaza principal.

José Antelo González, en realidad contaba como propias no muchas tierras hasta 1863. El 10 de junio de dicho año se dirigió al Gobernador de Entre Ríos, General J. J. de Urquiza en los siguientes términos: “El Teniente Coronel Don José Francisco Antelo de esta Villa, ante V. E. se presenta y espone con el debido respeto – que se halla en la imperiosa necesidad de dirigirse a V. E. para manifestarle la realidad de su situación en cuanto tenga relación con este Gobierno. Reconoce en efecto una deuda con el y sobre lo que pesa un interés que le es imposible pagar a menos se deje existente siempre aquella.

Él sólo posee un establecimiento de campo muy pequeño y la seca pasada disminuyó sus haciendas considerablemente, arrebantándole la esperanza de satisfacer dicha deuda – Sin embargo el solicitante va a trabajar con empeño para llevar tan sagrado deber pero necesita segunda vez de la generosidad de éste eximiéndolo del interés que gravita sobre ella”.  Fue autorizado por el General Urquiza[2].

Posteriormente, además de las tierras heredadas de sus padres, José Francisco Antelo en 1871/1872 se había hecho de una parte de lo que habían sido las tierras de la Estancia del Estado “Las Conchas” (cuya cabecera estaba en la Chacra N° 26, Estancia “Las Acacias” del ex Gobernador Enrique Carbó*). De esos campos que tenían en total más cincuenta mil hectáreas, Antelo se hizo de unas seis mil setecientas hectáreas[3].

Cuando el ex gobernador José Francisco Antelo, había pasado el mando provincial al general Eduardo Racedo el 1 de mayo de 1883, siendo ya veterano coronel y con varias batallas en el plano militar (habiendo participado en la Batalla de Caseros y en la Guerra de la Triple Alianza) tomó la decisión de vender en parcelas dichas chacras, que tenía en sociedad con el General Juan Ayala, de nacionalidad uruguaya, que había realizado sus propios negocios tiempo atrás, aprovechando la legislación existente desde 1875 con la Ley de Tierras y la de 1881 respecto a las tierras sin títulos que existían hasta entonces, es decir, que el estado provincial les daba a los que no contaban con títulos el 50% de las tierras, quedándose con el resto para “vender” entre sus relaciones políticas.

Otro de los beneficiados con aquella maniobra de los políticos de turno que gobernaban y que pertenecían al Partido Autonomista Nacional (P.A.N.) fue el General Juan Ayala aquel recordado jefe militar enviado a nuestra provincia por los porteños para el exterminio de la corriente federalista que encabezada Ricardo López Jordán (hijo).

En realidad, la parte de los campos que habían sido de sus padres y que José F. Antelo heredó, no eran tan extensos. Fue el las tierras adquiridas al gobierno provincial donde se originó Colonia Celina. Si se quiere contar con una referencia precisa acerca del nacimiento de dicha colonia hay que tomar como fecha de inicio de la misma unos años después.

El responsable de iniciar las tareas profesionales de una explotación agrícola en lo que conocemos como Colonia Celina fue el Ingeniero Agrónomo Carlos De Alberti (apellido de la madre) y Girola* quien, antes de haber logrado ese título universitario del que se graduó en 1891 y luego de egresar del Instituto Salesiano Santa Catalina de Buenos Aires en diciembre de 1887, “al que había ingresado apenas adolecente” y, con la finalidad de hacer sus primeros trabajos prácticos, se trasladó a los campos que ya había parcelado en alguna proporción José Francisco Antelo, para ejercer de inmediato su carrera con el establecimiento de una oficina de informaciones agropecuarias y explotación agrícola de la Colonia Celina, Departamento Paraná. De acuerdo a José F. Molfino* en la despedida post mortem de noviembre de 1935, en el primer año de su fallecimiento, Carlos Girola debía ser considerado como una de las columnas de la Agronomía Argentina[4].

 De esta información se deduce que el nacimiento como una explotación agrícola privada de la “Colonia Celina”, que estuvo a cargo del joven egresado Carlos (De Alberti) Girola, fue a partir del año 1888. Esta información es fehaciente – aunque no oficial – respecto al inicio de las tareas agropecuarias en un establecimiento ubicado al este de los campos que habían sido del gallego José Antelo Méndez, campo cedido por el gobierno entrerriano en 1881 a J. Francisco Antelo González. Dicho establecimiento ya era propiedad de David De Alberti* y Luis Serrano*, de acuerdo a los datos surgidos a través de la prensa de Paraná a principios del año 1891, complementados con la información brindada por el Censo Nacional realizado el 10 de mayo de 1895, como se demostrará más adelante.

El diploma otorgado por el mencionado instituto salesiano al egresado Carlos D. Girola le fue entregado el 23 de julio de 1888, de lo que se puede deducir que en el Distrito Tala, Dto. Paraná, habría realizado no solamente su primer trabajo sino que también pudo haber desarrollado allí su tesis para graduarse como ingeniero agrónomo en la Facultad Provincial de Agronomía y Veterinaria de La Plata en la colación de grado del 15 de julio de 1891. 

Es interesante conocer más a fondo la trayectoria de quién impuso el nombre a la “Colonia Celina” en el Departamento Paraná, Entre Ríos, transcribiendo el discurso pronunciado por su colega Pedro Pagés en la despedida de los restos del Ingeniero Agrónomo Carlos De Alberti y Girola:

GIROLA Carlos D. Ing. Agr.

Por el Ing. Agr. Pedro T. Pagés*.

Cuando rememoro aquel hermoso árbol plantado en 1883 en Santa Catalina y que iniciara su vigorosa vegetación productiva en 1888, con las diez primeras ramas fundadoras que debían darle a la Institución y al país, los primeros frutos en la economía rural y contemplo hoy cómo la inexorable ley del destino va cercenándolas una a una, como quien deshoja una flor, los pocos que quedamos debemos sentirnos acongojados cada vez que vemos caer una de ellas y con mucha mayor razón hoy, cuando cae esta gran rama, que tan hermosos frutos ha dado a las ciencias agronómicas argentinas.

Girola ha sido la rama troncal, la más vigorosa por su savia, la que proliferó los más exuberantes frutos y la que alcanzó las mayores alturas, como si buscara siempre acercarse más y más al calor y a la luz solar.

Su característica profesional la demostró desde las aulas primero, y las evidenció más tarde en todas sus actividades, con su temperamento sustancialmente laborioso, con la meticulosidad de sus métodos de estudio y de trabajo y por su espíritu analítico que le permitió ser un disector de los libros y textos que le servían para ilustrarse y por eso llegó a conocer bien a fondo todas las ramas de las ciencias agronómicas.

Desde el aula demostró que no era un estudioso de superficie sino de fondo, lo que lo convirtió en un verdadero diccionario de consulta, dejado bien protocolizado esto, en el frondoso y exuberante archivo de los millares y millares de consultas que contestó durante veinte años a los agricultores del país, de todas las zonas, desde su dirección honoraria del Museo Agrícola de la Sociedad Rural Argentina, fundado durante la presidencia del doctor Emilio Frers* en 1910 y organizado bajo su dirección. Esa Institución que honraba al país fue su hija predilecta y he sido depositario confidencial de sus lamentos y congojas cuando contempló su desarticulación.

Ha llegado al final de su jornada, recorrida toda su trayectoria que deja luminosos destellos, porque nació con el fuego sagrado de la profesión a la que le dedicó todas las actividades y todos sus desvelos. Si no llegó a donde sus aptitudes debían haberlo conducido, ha sido únicamente debido a las calidades y virtudes del temperamento que lo caracterizaba y que en la vida son obstáculos para el éxito, porque era inexorable en las exigencias del cumplimiento del deber, intolerable en el rendimiento del trabajo, que exigía en la medida con que personalmente lo realizaba y su ética profesional lo privaba muchas veces de la ductilidad imprescindible y necesaria en la vida de relación profesional. Todo esto daba una característica propia a su personalidad que no le impidió darle al país su continuada e ininterrumpida consagración a las actividades de todas las instituciones nacionales que han ilustrado y han orientado a las industrias agropecuarias a las que sirvió durante cincuenta años en estas actividades.

Ha sido el primer inspector nacional de agricultura diplomado en el país, en 1888; comisario en la Exposición Universal de París de la sección argentina, en 1889; profesor de arboricultura en la Facultad de Agronomía de La Plata, en 1890. Fundador; organizador y director de la Colonia Celina en el Paraná, en 1890 a 1899.

En 1904, en un viaje de estudio a Estados Unidos y Egipto, dio a publicidad un verdadero tratado del cultivo del algodón, la obra más completa en su género. Jefe de la sección chacras experimentales y de la sección concursos y exposiciones del Ministerio de Agricultura, en 1907; profesor en ese año de cultivos industriales en la Facultad de Agronomía de La Plata; comisario general de la Exposición Internacional de Agricultura del Centenario de 1909 a 1910.

Organizador, creador y alma durante 21 años ad honorem del Museo Agrícola de la Sociedad Rural Argentina, donde organizó sesenta y cinco diversos concursos agrícolas, frutas, cereales, oleaginosas, etc.

Comisario general de las exposiciones de la sección argentina en Turín y Roubaix, en 1911, segundo jefe de la División de Agricultura, en 1912 y jefe de la Sección Botánica y de su laboratorio, de 1915 a 1918; profesor de Agricultura especial en la Facultad de Agronomía de La Plata, en 1922.

Académico titular de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria, en 1926; vicedecano de la Facultad de Agronomía de Buenos Aires, en 1931.

Representó al país en diversos congresos, concursos y exposiciones y en el Instituto Internacional de Roma.

Su incansable laboriosidad intelectual le ha permitido dejar una bibliografía exuberante en libros, folletos, conferencias, numerosísimos artículos en la prensa diaria y en las revistas, que han contribuido eficazmente a dilucidar problemas y a intensificar conocimientos de nuestros problemas agropecuarios.

Todo esto caracteriza y es el fruto de una labor intensa, ininterrumpida durante cincuenta años. El Ingeniero Girola dejó el ejemplo más correctamente modelado a las juventudes profesionales del futuro de las ciencias agronómicas, de cómo se puede honrar al hombre, a la institución que lo formó y a la profesión que ejerció, y esto hará que en las aulas de las facultades de agronomía y en las instituciones agropecuarias del país perdure vuestro recuerdo con respeto y admiración”[5].

Más información acerca de Carlos (De Alberti y) Girola a un año de su fallecimiento:

“CARLOS GIROLA (1867 - 1934).

Al iniciarse el día 5 de setiembre de 1934, ocurrió en la Capital Federal el óbito repentino del ingeniero agrónomo don Carlos De Alberti (apellido materno) Girola, ex-profesor titular de Agricultura (segunda parte) de nuestra Casa y profesor, a la sazón, de la misma asignatura, en la Facultad de Agronomía, y Veterinaria de la Universidad Nacional de Buenos Aires.

El ingeniero Girola había nacido en Goya, provincia de Corrientes, el 17 de abril de 1867, dedicándose con empeño, apenas adolescente, a los estudios agronómicas que se impartían en el antiguo Instituto de Santa Catalina, del cual egresó en diciembre de 1887, para ejercer de inmediato su carrera con el establecimiento de una oficina de informaciones agropecuarias y la explotación agrícola de la Colonia Celina, en la provincia de Entre Ríos, departamento de Paraná. Recibió su respectivo diploma el 23 de julio de 1888, siendo graduando Ingeniero agrónomo por la Facultad provincial de Agronomía y Veterinaria de La Plata, en la colación de grados del 15 de julio de 1891. Posteriormente, conforme al artículo 25 de la Ley Convenio del 12 de agosto de 1905, el diploma del ingeniero agrónomo Girola tuvo la misma validez de los que son otorgados por las Universidades de la Nación.

En nuestra Facultad ejerció la enseñanza de Cultivos industriales (segunda parte de Agricultura), desde el primero de abril del año 1908 hasta el 30 del mismo mes de 1911; en 1913 se reincorporó a las tareas docentes, hasta el 4 de noviembre del año 1920, dejando en buen pie de organización el respectivo Museo. Entre tanto, en la Facultad de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires fue profesor suplente de la misma asignatura, a partir del 18 de jumo de 1915, y su titular desde diciembre de 1923 hasta el día de su muerte; es en esta Facultad donde el ingeniero Girola desempeñó cargos directivos del Gobierno de la Universidad, llegando a ser electo Vicedecano, para el período comprendido entre el 20 mayo de 1931 y el 5 de abril de 1932, después de haber sido Concejero titular y Delegado al Consejo Superior Universitario.

El ingeniero Girola fue, además, Miembro de número de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires. Poco antes de morir, había tomado parte activa, desarrollando un tema relativo al cultivo del algodonero en nuestro país, en las agronómicas que con tanto éxito patrocinó la Academia, bajo la activísima presidencia del ingeniero agrónomo F. Pedro Marotta*.

Cuando la fundación del Ministerio de Agricultura de la Nación, en 1898, se incorporó al mismo como Jefe de la División de Agronomía, Botánica y Fitopatología, llamando entonces para ocupar la Jefatura de la Sección de Biología Vegetal, que comprendía las dos últimas especialidades mencionadas, al sabio filólogo, ingeniero agrónomo don Carlos Spegazzini*, de feliz memoria; el mayor mérito que cupo al ingeniero Girola en el desempeño de ese cargo fue el de la organización y dirección de la investigación agrícola en todo el territorio de la República, tarea en la que colaboraron numerosos técnicos y cuyas buenos resultados significaron, para la época, un adelanto apreciable e indiscutido, que tendía a establecer los fundamentos de la naciente Agronomía científica argentina. 

ElMinisterio le encomendó, asimismo. en diversas oportunidades, las representaciones agrícolas del país en el extranjero, tanto en exposiciones como en delegaciones a Congresos; tuvo, por otra parte, a su cargo — alejado temporariamente del Ministerio — la instalación de la Exposición Agrícola e Industrial del año del Centenario (1910), con el carácter de Comisario General, en cuyo desempeño demostró el ingeniero Girola toda su capacidad de trabajo y su especial versación en la organización de certámenes de esa naturaleza, méritos que le valieron, en varias ocasiones, menciones y condecoraciones especiales de gobiernos extranjeros.

Desempeñó por espacio de quince años (1915-1929) la Jefatura del Laboratorio de Botánica del Ministerio de Agricultura, al cual estuvo incorporada también, hasta 1923, la Sección de Patología Vegetal. No obstante toda la buena voluntad que puso el ingeniero Girola para el ejercicio de este cargo, que no estaba de acuerdo con su temperamento y preparación — hechos manifestados reiteradamente por él. mismo , pudo adaptarse en sus funciones mediante la contribución y ayuda desinteresada que le dispensaron botánicos reputados como Spegazzoni, Lillo, Hicktn y Parodi, y técnicos como Lahittt, Clos y quien esto escribe.

Fue el fundador y director honorario del Museo Agrícola de la Sociedad Rural Argentina, actuando con singular contracción, a pesar de todas las dificultades que se le oponían, desde 1911 a 1931; en este último año el Museo, producto de tantas preocupaciones y afanes, fue clausurado por la precitada Institución, medida deplorable sin duda, que recién ahora ha sido reconsiderada; este hecho llevó mucha tristeza y amargura al ánimo del ingeniero Girola, que vio así detenida una obra de indudable valor e importancia.

Las publicaciones del ingeniero Girola pasan de ciento cincuenta y ellas se reflejan, sobre todo, a temas de Agricultura especial, a apuntes de clase para el curso que dictaba y a comentario sobre los conclusos y exposiciones organizadas por él. Los títulos de sus principales trabados son los siguientes: Agrícola en la República Argentina (1904); El Cultivo del lino para semilla en la Argentina (1915); El Cultivo de maíz en la República Argentina (1921); Cultivo de las plantas industriales en la República Argentina; El Cultivo del maní en la Argentina (1921); El Cultivo de la Yerba Mate en la Argentina (varias contribuciones); Plantas Textiles en la República (1928); Cultivo del Algodonero en el mundo y especialmente en la República Argentina, obra ésta que fue premiada en el Concurso Nacional de Ciencias de 1923; etc.

Sus colaboraciones en periódicos, revistas, etc., suman más de quinientas; los diarios «La Nación » y «La Razón», de Buenos Aires, eran los que registraban casi toda su producción de divulgación Agrícola y los comentarios del momento, sobre temas de igual índole. En un folleto distribuido por el mismo Girola, bajo el título Pro Ciencia et experiencia, se registra en forma cronológica su abundante bibliografía; su primera publicación, hecha en 1888, versa sobre la filoxera de la Argentina.

El ingeniero agrónomo Girola era, incuestionablemente, un gran trabajador v un propulsor de mérito de nuevos cultivos en nuestro país, algunos de los cuales hoy constituyen importante fuente de riqueza nacional. Modalidades de su carácter, algo autoritario y un tanto misántropo a la vez, agravadas por malestares físicos, así como por la falta de una orientación práctica y comprensiva del alcance de muchos problemas agrícolas que él mismo planteaba, y de la evolución racional que en ellos debía operarse, hacen que su obra, bien difusa por cierto, no haya resultado todo lo sólida y concienzuda que hubiera sido dado esperar. Esta falla puede disculparse si se piensa en las circunstancias que le tocó actuar, lo múltiple de sus actividades y su intenso afán de producir en un medio propicio, pero carente casi de seria bibliografía agronómica; pero sí, hay que reconocerle, sin ambaje alguno, su férrea voluntad, su tenacidad inquebrantable en el propósito y un elevado en la finalidad de su labor. ¡En nombre de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de La Plata tributo a su memoria el respetuoso y considerado recuerdo que bien merece, quien fue uno de sus primeros diplomados  y una de las columnas de la Agronomía Argentina.

Noviembre de 1935. JOSÉ F. MOLFINO”[6]. 

Nacimiento Oficial de Colonia “Celina”

La decisión de crear “Colonia Celina” en una espacio mayor a las siete mil hectáreas nació a principios del año 1891, aunque su mensura y amanzanamiento fue realizado en año anterior por el Ingeniero Agrónom

o Carlos De Alberti Girola*. Más concretamente debemos remitirnos a lo publicado en un periódico de Paraná el 28 de febrero de 1891: “Los señores Coronel (José Francisco) Francisco Antelo, (Juan Matías) señor Mayer (Mayr)*, (David) De Alberti y Luis Serrano venden la “Colonia Celina” a través de los señores Brugo en calle Industria (esquina de Buenos Aires y España)[7].

 Así nació la Colonia Celina, vecina por el norte con Villa Urquiza y Colonia Crespo (también llamada Carbó en referencia a Salvador. Mucho más amplio, y que nos muestra las características del lugar donde se instaló la colonia, es el suelto de prensa publicado por el periódico “El Paraná” el 3 de marzo de 1891 que, textualmente comentó:

“COLONIA CELINA. La Colonia Celina está situada en el Departamento Paraná, Distrito Tala y tiene una superficie de 7.064 hectáreas y 33 áreas. Los campos que la componen pertenecieron al Coronel don Francisco Antelo y sucesivamente a los señores Mayer, (David) De Alberti y Luís Serrano; hallándose representados en el plano adjunto por los lotes Nº 1 y Nº 2, terreno vendido a don Luís Serrano, concesiones al Sur y concesiones al Norte de Serrano. En la parte que figura como vendida a don Luís Serrano se halla actualmente la explotación agrícola o Granja dirigida por los propietarios. Todo lo demás es para vender entre los colonos y constituye la Colonia Celina propiamente dicha.

La Colonia Celina linda al Norte con terrenos de la Colonizadora Argentina y Colonia Cerrito; al Este con los campos del señor Fidel Rodríguez, al Sur con la Colonia Crespo o Carbó y Villa Urquiza y al Oeste con el río Paraná. Hállase pues completamente rodeada de colonias florecientes y en condiciones especialmente favorables por su situación, los medios de comunicación que presenta y su topografía.

El campo considerado en su conjunto ofrece pendientes regulares que forman vertientes y concluyen en pequeños arroyos que llevan sus aguas al río Paraná y surcan las tierras de sur a norte. Aun en épocas de  grandes sequías estos arroyos conservan un poco de agua en sus lechos, lo que es una gran ventaja para los animales. Se puede también tener aguadas en cualquier punto del campo por medio de tajamares cuya construcción es fácil y sencilla y económica, porque en el lugar mismo donde se ejecutarían se hallarían todos los elementos necesarios.

 A los largo de los arroyos y de los pequeños valles que los bordan, se encuentran bosques que siguen fajas regulares. Resulta que algunas partes del campo son completamente despojadas de árboles y el arado podría entrar a trabajar directamente, mientras que en otros se hace indispensable desmonte, operación que paga con usura los gastos que engendra y proporciona beneficios por las clases de madera que existe, los que consiguen precios altamente remuneradores. Los bosques se extienden también desde las barrancas hacia la costa. Las principales esencias que contienen son el ñandubay, el espinillo y el algarrobo, que suministran excelentes maderas para cercos y para quemar. En la parte Este se hallan extensas zonas limpias y muy aparentes para la agricultura.

 La composición de las tierras es sensiblemente la misma en todo el campo; predomina la arena mezclada con la arcilla y la cal y una fuerte proporción de humus. La riqueza del suelo es grande y su composición excelente. Prácticamente basta para afirmarlo el examen de los trabajos, cultivos y producciones de la parte afectada a la Granja. El subsuelo presenta, al contrario, una composición muy variable, es ya calcáreo, ya gredoso, ya arcilloso, ya arenoso, pero en general ofrece una buena composición favorable para el desarrollo de las plantas que se cultiven.

La capa arable alcanza hasta 0,50 y un metro de profundidad, especialmente en las partes llanas y bajas; en los puntos con pendientes pronunciadas, las aguas han quitado una parte de la tierra vegetal para depositarla en las partes más bajas, pero no son menos fértiles y especialmente favorables para determinados cultivos. El subsuelo es profundo en todas partes y ofrece un sostén sumamente favorable a las plantas.

Los pastos que predominan son duros y fuertes, propios para la alimentación del ganado vacuno y caballares; ellos son abundantes y en las partes donde el campo presenta bosques, se encuentran especies herbáceas más tiernas, tréboles y gramíneas finas. Es indudable que la cría de los animales mejoraría mucho los pastos que crecen actualmente, se pondrían más tiernos y las especies aumentarían rápidamente porque ya existen en el campo en las partes más ricas y protegidas.

 La cría de ganado conducida con tino, proporcionará beneficios seguros; pero su situación, su vegetación, sus tierras, su climatología, el campo se presta para el buen éxito de una hacienda rural; menester es hermanar el cultivo del suelo con la cría de animales, allí se debe conceder más importancia a la primera operación, pues será la que dará resultados más inmediatos y continuará a sufragar los gastos que engendran el plantamiento (instalación) de las explotaciones.

  Sobre el río Paraná, el campo presenta una barranca continua de una altura variable entre 25,50 y 70 metros, exceptuando el extremo norte, donde desaparece una pequeña extensión y es, ya cortada a pique, ya con pendientes más o menos pronunciadas. En la parte norte está interrumpida con frecuencia por los numerosos arroyuelos que desembocan en el río Paraná; estos se encuentran por lo demás en toda la extensión de las barrancas y por su ligero declive le comunican un aspecto sumamente pintoresco, además de facilitar la bajada al río de los animales o de carros, en caso que fuera necesario.

  Cinco puntos llaman particularmente la atención sobre la barranca por la facilidad que se presenta para hacer bajadas al río, por la profundidad del mismo en la costa, por la vista de que se goza, por sus ondulaciones suaves, por sus preciosas exposiciones y ventajas para el establecimiento de cultivos especiales.

  A cada kilómetro existe un puerto natural abrigado y con mucha profundidad de agua. Presenta partes altas y sanas donde el agua corre con facilidad hacia los arroyos de manera que las aguas no se estancan nunca en ninguna parte y a fuer de las reducidas zonas ocupadas por los arroyos, el campo es completamente utilizable para la agricultura y la ganadería, con mayor razón.

Por lo expuesto, vése que el campo posee extensas zonas que pueden cultivarse inmediatamente sin necesidad de recurrir al monte, y extensas zonas pobladas de árboles que explotación puede proporcionar.

Se puede considerar que la parte cubierta de bosques representa dos mil hectáreas y limpias cinco mil.

 La sucesión de las partes altas y de las bajas, de las lomas y de los valles, de los bosques y de los prados, los arroyos que cruzan el campo, las barrancas con sus quebradas que limitan el curso del río Paraná, la vista de que se goza, hacen de este campo una comarca de las más pintorescas de la república, a la par que la fertilidad de sus tierras le aseguran un porvenir espléndido.

  El clima es templado y benigno; permite la vegetación de todas las especies de plantas y asegura la fructificación de la mayor parte; los inviernos son benignos, los veranos no muy calientes, las heladas negras o de invierno tardías, las heladas blancas o de primavera excepcionales, los granizos raros, las enfermedades de las plantas casi desconocidas hasta ahora. La vecindad del río mitiga los efectos de las heladas y permite el cultivo de las primicias (tempranas), que tan bien se pagan en nuestros mercados y que tantos beneficios proporcionan”[8]. 

El origen del nombre de Colonia “CELINA”

En varias oportunidades hemos recibido como dato cierto una versión errónea respecto al nombre de la población rural de Colonia “Celina”, del Distrito Tala, Dto. Paraná, Entre Ríos.

Se atribuye dicho nombre a la esposa del ex Gobernador de Entre Ríos, J. Francisco Beatriz Antelo González, quien en realidad no era “Celina” sino que se llamaba: Lucila Acebal De La Serna, natural de Buenos Aires. 

Hay algunos datos que nos acercan a la verdadera razón por la cual se adoptó el nombre de la colonia mencionada, que se instaló en campos de quien fuera originalmente el padre del ex Gobernador José Francisco Antelo González.

En primer lugar y como dato más certero, tomando los que ordenaron la venta de chacras  a la familia Brugo, cuya casa de comercio estaba en la esquina de Buenos Aires y España de Paraná, entre ellos estuvo David De Alberti, italiano, nacido por 1844, agricultor, sabía leer y escribir, era propietario (Censo 10/05/1895), quien convivió con Celina R. de Alberti, francesa, nacida por 1855, sabía leer y escribir (Censo 10/05/1895). Ese David De Alberti era hermano de Francisco, socio comercial de Carlos Girola en Goya, Corrientes, en 1869 (según el Censo Nacional de dicho año); en el mismo censo – curiosamente – dos años después del nacimiento del ingeniero agrónomo Carlos Girola, no figuraron ni su madre ni él en los libros correspondientes al mencionado Censo Nacional.

Falta comprobar todavía si la madre fue una hermana de Francisco De Alberti, que pudo haber fallecido o pudo haber dado a su hijo de soltería, cuyo padre estaría vinculado al socio de dicho comerciante: Carlos Girola.

Por estos antecedentes documentales y dadas las coincidencias observadas, se puede deducir que el responsable técnico del emprendimiento agropecuario del que derivó Colonia Celina, Ing. Agr. Carlos De Alberti Girola, fue el que eligió el nombre para expresar el agradecimiento a su madre en el cariño, doña Celina Lafont de De Alberti, francesa, quien convivió con su tío Gaspar De Alberti. 

Esta es la primera y la más firme de las hipótesis respecto a la denominación de Colonia Celina, que se podría complementar - de manera accesoria - como otro aporte que se sumó para la elección del nombre para la colonia experimental el siguiente motivo:

Es así que la esposa de David De Alberti y aquella hija en el cariño de la esposa del ex gobernador, coronel Antelo, también pasaron a formar parte de la historia geográfica de una porción del Distrito Tala del Departamento Paraná, que se denominó: Colonia “Celina”.


[1] División Gobierno. Serie VII. Carpeta 3. Legajo 1. Archivo General de Entre Ríos)

[2] (División Gobierno. Serie XII. Capeta 3. Legajo 13. Archivo General de Entre Ríos)

[3] (Folio 1. N° 29. Libro de Protocolo de Títulos (Copia) Del Dpto. Paraná. Archivo Notarial de E. Ríos)

[4] https://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/135090

[5] (Versión abreviada y adaptada del discurso del Ing. Agr. Pedro T. Pagés al inhumarse los restos del Ing. Agr. Carlos D. Girola. En: Anales de la Acad. Nac. de Agr. y Vet. 1:495-497. 1932-34)

[6] (http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/135090)

[7] (Periódico “El Paraná” de Paraná, E. Ríos, 28/02/1891. Hemeroteca Museo M. Leguizamón de Paraná)

[8]  (Periódico “El Paraná” de Paraná, E. Ríos, 03/03/1891. Hemeroteca Museo M. Leguizamón de Paraná)

[9] (https://www.todostuslibros.com/autor/girola-carlos-de-alberti)

[10] (Partida N° 303. Folio 306. Libro M 1875. Ntra. Sra. del Aranzazú de Victoria)

[11] (Partida de Nacimiento N° 700. Folio 389. Libro B 1886. Ntra. Sra. de Aranzazú de Victoria)

jueves, 19 de septiembre de 2024

"EL PUENTECITO DE LA PICADA" DE JORGE MÉNDEZ

SU INSPIRACIÓN Y RECUERDO

Hablar del puente de La Picada es recordar con nostalgia esa vía de comunicación tan importante, nacida desde 1882 cuando se instaló en el lugar el primer puente carretero. Hasta entonces, allí no había más que una amplia zona inundable, un bajío por el que no se podía cruzar fácilmente, al que los pobladores de la región desde antiguos tiempos llamaban "El Bañado de Las Conchas", en referencia al arroyo homónimo.

Hasta entonces el paso estaba ubicado en lo que hoy conocemos como el Parque General San Martín, en la parte suroeste, donde se cierra la gran ensenada que forma el arroyom por cuyo lugar corría el camino que conducía hacia la "Estancia de Vera", posta obligada para cambiar caballos y nutrirse de las vituallas necesarias para seguir camino al norte desde los años 1662 en adelante. Años más adelante - desde 1851 a 1871 - siguió cumpliendo la misma función la Estancia del Estado de Las Conchas, que servía también como posta. 

La disolución de la Estancia del Estado ocurrida en 1872 de manera total para dar lugar a la planificación de lo que hoy es Colonia Nueva de Villa Urquiza, que comenzó a recibir inmigrantes desde 1878, hizo que se pensara en otra manera de atravesar el arroyo - muy caudaloso en días de grandes lluvias - y así hubo que hacer "una picada" en los bañados, levantar los taludes de tierra suficientemente altos y hacer un puente, que fue inaugurdo en 1882 y que una gran creciente se llevó en 1912.

El gobierno planificó la construcción de un nuevo puente, con estructura de hierro, se licitó la obra y se comenzaron los primeros trabajos pero, el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914 y la gran demanda de dicho material hizo que no se pudiera importar y la obra fue suspendido, para terminarse y proceder a su inauguración recién en 1920.

El proceso militar ocurrido tras el golpe que derrocó a Perón el 16 de setiembre de 1955, duró por años, con breves momentos de ejercicio de una endeble democracia en el país. Cayo el presidente Frondizi en marzo de 1962 y con la semi dictadura de Guido, se dio en efrentamiento entre los dos bandos del ejército: "azules" y "colorados", siendo éstos últimos quienes tuvieron la infeliz idea de hacer volar el puente, por orden del sublevado coronel Tizado del 3 de Infantería de Paraná, quien marchó con mil hombres para enfrentarse a las tropas aliadas al gobierno en Buenos Aires, pero que fueron obligados a redirse en Rosario. 

Tizado, con la acción de militares pertenecientes al Grupo de Artillería Mediana que tenía sede en la ciudad de La Paz, hizo volar el puente de La Picada para que no avanzaran tropas que se presumía desplegarían desde Corrientes los azules de Onganía, una tarea que demandó varias horas para poder concretarse desde la medianoche del 20 de setiembre de 1962. 

Fue una noticia que conmocionó Paraná y toda la región. En la noche del sábado 22 de setiembre se había organizado un gran festival folclórico en la sede del Club Neuquén de Paraná y en el... debutaría en la actividad musical competitiva nada menos que el joven Jorge Méndez, quien con sus veinte años inciaría su exitoso camino como solista, actuando en la tercera ronda

La actuación de aquel día se vio suspendida por los hechos de público conocimiento. Fue postergada para el lunes 24 de setiembre.

(Martes 25 de setiembre de 1962. "El Diario" de Paraná. Archivo General de E. Ríos)

Así nació la relación de Jorge Méndez con... "El Puntecito de La Picada"...


jueves, 6 de junio de 2024

NACIMIENTO DE LA ESTANCIA DEL ESTADO DE LAS CONCHAS. DONDE SE INSTALÓ LA PRIMERA COLONIA AGRÍCOLA ARGENTINA

 

Nacimiento de la Estancia del Estado de Las Conchas - hoy Villa Urquiza - en campos adquiridos por subasta en 1851, cuando don Vicente del Castillo era el Tesorero Administrador de Entre Ríos, tres meses antes del Pronunciamiento del General Justo José de Uquiza.

ARCHIVO de  ANIBAL GONZALEZ COMAS

CLUB PATRONATO DE LA JUVENTUD CATÓLICA DE PARANÁ. 1938

 PRIMER EQUIPO DE PATRONATO 

DOMINGO 3 DE JULIO DE 1938

CANCHA AL OESTE DE LA ESTACIÓN 
DEL FERROCARRIL DE PARANÁ

domingo, 5 de mayo de 2024

AL AMIGO "NEGRO" PELLARINI

 El 21 d marzo pasado se realizó en el predio de Grupo Scout de San Benito el acto recordatorio de sus primeros cincuenta años de vida; al finalizar llegué a mi casa con la sensación amarga del recuerdo al amigo que hace poco tiempo se nos fue:

1964 - 60 AÑOS – 2024

60 AÑOS DEL GRUPO SCOUT DE SAN BENITO 

 AL AMIGO UBALDO "NEGRO" PELLARINI

- “NEGRO… HOY…
Alguien te puso mirando desde una estrella,
lugar de residencia de los que se fueron,
espacio sideral para el sosiego merecido,
contemplando sonriente tus retoños
que hoy le dan vida y fundamento
a tus luchas, a tus sueños y a tu esfuerzo.

 

Sin embargo, no me caben dudas: estabas ahí!
a cada paso, en cada rincón de esa obra
monumental que silencia tantas voces,
zancadillas perniciosas… ¡palos en la rueda!
que tuvieron por respuesta: la gran sede
que moldea los hombres y mujeres del futuro.
 

Y te vi esta mañana mucho más cerca,

mezclado con el verde rozagante de los árboles,
con el esplendor inconfundible de tu aura,
que – ¡te juro! - hasta el sol otoñal se opacaba,
para darte lugar a que disfrutes de tu siembra,
ayer semillas, hoy fantásticas espigas de tu trigo.
 

Te vi en el ayer un poco borroso por los años

dando los primeros pasos, con tropiezos, eso sí,
¡vaya tropiezos! – que los hubo… ¡y tantos!
cantando el “yay – yay -  yipi – yipi – yay”,
para enmendar errores, para seguir marchando,
pero siempre: ¡con una sonrisa a flor de labios!

domingo, 24 de marzo de 2024

ACTIVIDAD PLENA EN EL PARQUE VIEYTES

HA ADQUIRIDO EL USO QUE SE ESPERABA 
DESPUÉS DE MUCHOS AÑOS SE ALCANZÓ EL OBJETIVO

Pasaron los años y la idea original de contar con un parque, en el que destacase la naturaleza y nuestro paisaje entrerriano, viene a coronar plenamente sus objetivos después de cuarenta años.

Hoy, un torneo interprovincial de mini voley viene a ser la convocatoria dominguera y una gran cantidad de personas visita nuetra ciudad para hacer uso de las instalaciones de nuestro parque. También hay actividad de hockey en otro espacio del amplio predio municipal.


Quienes tuvimos la iniciativa de comprar el terreno a don Pedro Crisólogo Vieytes, que también soñó en su tiempo con un paseo natural para su querido pueblito y que lo vendió por un monto ínfimo de dinero con la condición que se usara como paseo público y que llevara su nombre, nos sentimos satisfechos y hoy podemos decir: objetivo cumplido. 
Así, como muestran las grafícas viejas, se inició una ardua tarea de acondicionamiento; allí se habían instalado una serie de hornos de ladrillos artesanales, con la consecuente desprolijidad del oficio, las cavas innecesarias y sin control, la basura, todo lo cual daba un aspecto de abandono al ingreso a nuestro pueblo que terminaba denigrándolo ante la vista de todos, en particular, de los que visitaban a sus seres queridos en ambos cementerios.

Así se comenzó hasta que - con una gran inversión - se hizo la pileta de natación y sus sanitarios y se le dio pleno uso en las temporadas de verano.

Luego de la administración de quien escribe este suelto, de González a secas, llegó Acosta con su idea y se le ocurrió regalar un cuarto del predio al IAPV para que hicieran casas y ahí están también como símbolo del incumplimiento de la palabra que está documentada todavía en el mudo protocolo de un escribano. Y llegó Vázquez y logró la construcción del puente sobre el arroyo Las Tunas y de un hermoso galpón polifuncional que - hoy precisamente - está lleno de deportistas.

Y... Bueno... esperamos de esta administración de Ariel que siga el camino con fuerza, siempre dándole más valor a este pulmón tan agradable, que recibe muchísima gente durante todo el año. Con poco se lo puede mejorar: pintar la estructura del quincho sería una medida simple y económica que se puede hacer con personal propio y se mejoraría el aspecto. También - sea a corto o mediano plazo - es necesario planificar una moderna y eficiente estructura sanitaria, con grifería noble (nada de plástico que se rompe al paso), con automaticidad en los drenajes, con cerámica hasta los techos (en los sanitarios, claro está), etc., para dar una imagen de modernidad y, a la vez, con todas las previsiones sanitarias en un ambiente de tanto uso ciudadano. 

Claro que tenemos confianza en que se habrá de avanzar!!!


Por el momento, yo que fui el iniciador de este proyecto hace cuatro décadas, me siento orgullo de que esté en pleno funcionamiento el Parque Pedro Crisólogo Vieytes!!!