En realidad, este trabajo de investigación está preparado para su publicación en la Segunda Edición de "VILLA URQUIZA.LA PRIMERA COLONIA AGRÍCOLA ARGENTINA" - corregida y perfeccionada con mucho más información que en la primera edición ocurrida en 2004.
Respecto a la "corrección" hubo un error involuntario en la imprenta de la Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, donde se equivocaron en tomar el texto corregido, luego de la prueba de galera, dejando tal cual el material crudo que fue impreso en la cantidad de doscientos libros. Luego de darse cuenta de lo ocurrido, se imprimió otra cantidad. Por lo tanto se impone realizar una presentación mejorada, con gráficas de calidad, en la que también abundará la información genealógica, para sostener como principio que la historia nace desde las personas, las familias, y luego se produce la generalidad de los hechos que se narran con posterioridad.
Por otra parte, como desde hace tiempo la curiosidad va en aumento en cuanto al origen de la COLONIA CELINA, vamos a adelantar este trabajo para satisfacer la curiosidad de los paisanos de aquellos pagos de la campaña del departamento de Paraná.
Haremos reserva del material gráfico, para la mencionada publicación que... será subida a la nube para que puedan accedar con facilidad, en el año en curso, junto con los demás libros editados y por editar.
Los campos de José Francisco Antelo
En primer lugar y para evitar algunos malos entendidos respecto al inicio de esta colonia agrícola, en el periódico “La Opinión de Entre Ríos” de Paraná el 15 de octubre de 1883, se publicó el siguiente suelto de prensa: “En Villa Urquiza se congratulan por la decisión adoptada por el veterano Coronel (José Francisco) Antelo y del General Juan Ayala, dueños de grandes extensiones de tierra en la zona, de sacar a la venta las mismas a precio y forma de pago muy accesible”.
Dichos campos eran
los habidos por la compra que Antelo le hizo al Gobierno de una legua cuadrada,
que luego compartiría con el general Juan Ayala, ya que la herencia de las
pocas tierras de su padre la había compartido con su hermano Juvenal. Los
campos del ‘gallego’ José Antelo Méndez también se ubicaban dónde está
actualmente Colonia Celina y, aunque tenía su estancia en ese lugar, él y su
familia vivían en la ciudad de Paraná, en una finca cercana al Parque General
Urquiza de la actualidad.
De acuerdo al Censo
de Paraná de 1849, en Paraná en la Casa 5 vivía don José Antelo de 58 (1793)
años, español, comerciante, y su esposa Petrona González, de 44 (1805) años
(Censo 1849[1]. El ex Gobernador José Francisco Antelo vivió en Villa
Urquiza, después de haber adquirido la finca del comerciante inglés John Wood*
que la construyó, casa que en la actualidad conocemos como el Museo Aceñolaza,
frente a la plaza principal.
José Antelo
González, en realidad contaba como propias no muchas tierras hasta 1863. El 10
de junio de dicho año se dirigió al Gobernador de Entre Ríos, General J. J. de
Urquiza en los siguientes términos: “El
Teniente Coronel Don José Francisco Antelo de esta Villa, ante V. E. se
presenta y espone con el debido respeto – que se halla en la imperiosa
necesidad de dirigirse a V. E. para manifestarle la realidad de su situación en
cuanto tenga relación con este Gobierno. Reconoce en efecto una deuda con el y
sobre lo que pesa un interés que le es imposible pagar a menos se deje
existente siempre aquella.
Él sólo posee un establecimiento de campo muy pequeño y la seca pasada disminuyó sus haciendas considerablemente, arrebantándole la esperanza de satisfacer dicha deuda – Sin embargo el solicitante va a trabajar con empeño para llevar tan sagrado deber pero necesita segunda vez de la generosidad de éste eximiéndolo del interés que gravita sobre ella”. Fue autorizado por el General Urquiza[2].
Posteriormente, además de las tierras heredadas de sus padres, José Francisco Antelo en 1871/1872 se había hecho de una parte de lo que habían sido las tierras de la Estancia del Estado “Las Conchas” (cuya cabecera estaba en la Chacra N° 26, Estancia “Las Acacias” del ex Gobernador Enrique Carbó*). De esos campos que tenían en total más cincuenta mil hectáreas, Antelo se hizo de unas seis mil setecientas hectáreas[3].
Cuando el ex gobernador José Francisco Antelo, había pasado el mando provincial al general Eduardo Racedo el 1 de mayo de 1883, siendo ya veterano coronel y con varias batallas en el plano militar (habiendo participado en la Batalla de Caseros y en la Guerra de la Triple Alianza) tomó la decisión de vender en parcelas dichas chacras, que tenía en sociedad con el General Juan Ayala, de nacionalidad uruguaya, que había realizado sus propios negocios tiempo atrás, aprovechando la legislación existente desde 1875 con la Ley de Tierras y la de 1881 respecto a las tierras sin títulos que existían hasta entonces, es decir, que el estado provincial les daba a los que no contaban con títulos el 50% de las tierras, quedándose con el resto para “vender” entre sus relaciones políticas.
Otro de los beneficiados con aquella maniobra de los políticos de turno que gobernaban y que pertenecían al Partido Autonomista Nacional (P.A.N.) fue el General Juan Ayala aquel recordado jefe militar enviado a nuestra provincia por los porteños para el exterminio de la corriente federalista que encabezada Ricardo López Jordán (hijo).
En realidad, la parte de los campos que habían sido de sus padres y que José F. Antelo heredó, no eran tan extensos. Fue el las tierras adquiridas al gobierno provincial donde se originó Colonia Celina. Si se quiere contar con una referencia precisa acerca del nacimiento de dicha colonia hay que tomar como fecha de inicio de la misma unos años después.
El responsable de
iniciar las tareas profesionales de una explotación agrícola en lo que
conocemos como Colonia Celina fue el Ingeniero Agrónomo Carlos De Alberti
(apellido de la madre) y Girola* quien, antes de haber logrado ese título
universitario del que se graduó en 1891 y luego de egresar del Instituto
Salesiano Santa Catalina de Buenos Aires en diciembre de 1887, “al que había ingresado apenas adolecente”
y, con la finalidad de hacer sus primeros trabajos prácticos, se trasladó a los
campos que ya había parcelado en alguna proporción José Francisco Antelo, para
ejercer de inmediato su carrera con el establecimiento de una oficina de
informaciones agropecuarias y explotación agrícola de la Colonia Celina,
Departamento Paraná. De acuerdo a José F. Molfino* en la despedida
post mortem de noviembre de 1935, en el primer año de su fallecimiento, Carlos
Girola debía ser considerado como una de las columnas de la Agronomía Argentina[4].
El diploma otorgado por el mencionado instituto salesiano al egresado Carlos D. Girola le fue entregado el 23 de julio de 1888, de lo que se puede deducir que en el Distrito Tala, Dto. Paraná, habría realizado no solamente su primer trabajo sino que también pudo haber desarrollado allí su tesis para graduarse como ingeniero agrónomo en la Facultad Provincial de Agronomía y Veterinaria de La Plata en la colación de grado del 15 de julio de 1891.
Es interesante conocer más a fondo la
trayectoria de quién impuso el nombre a la “Colonia Celina” en el Departamento
Paraná, Entre Ríos, transcribiendo el discurso pronunciado por su colega Pedro
Pagés en la despedida de los restos del Ingeniero Agrónomo Carlos De Alberti y
Girola:
GIROLA Carlos D. Ing. Agr.
Por el
Ing. Agr. Pedro T. Pagés*.
Cuando
rememoro aquel hermoso árbol plantado en 1883 en Santa Catalina y que iniciara
su vigorosa vegetación productiva en 1888, con las diez primeras ramas
fundadoras que debían darle a la Institución y al país, los primeros frutos en
la economía rural y contemplo hoy cómo la inexorable ley del destino va
cercenándolas una a una, como quien deshoja una flor, los pocos que quedamos
debemos sentirnos acongojados cada vez que vemos caer una de ellas y con mucha
mayor razón hoy, cuando cae esta gran rama, que tan hermosos frutos ha dado a
las ciencias agronómicas argentinas.
Girola ha sido la rama troncal, la más vigorosa por su savia, la que proliferó los más exuberantes frutos y la que alcanzó las mayores alturas, como si buscara siempre acercarse más y más al calor y a la luz solar.
Su característica profesional la demostró desde las aulas primero, y las evidenció más tarde en todas sus actividades, con su temperamento sustancialmente laborioso, con la meticulosidad de sus métodos de estudio y de trabajo y por su espíritu analítico que le permitió ser un disector de los libros y textos que le servían para ilustrarse y por eso llegó a conocer bien a fondo todas las ramas de las ciencias agronómicas.
Desde el
aula demostró que no era un estudioso de superficie sino de fondo, lo que lo
convirtió en un verdadero diccionario de consulta, dejado bien protocolizado
esto, en el frondoso y exuberante archivo de los millares y millares de
consultas que contestó durante veinte años a los agricultores del país, de
todas las zonas, desde su dirección honoraria del Museo Agrícola de la Sociedad
Rural Argentina, fundado durante la presidencia del doctor Emilio Frers* en 1910 y organizado bajo su dirección. Esa
Institución que honraba al país fue su hija predilecta y he sido depositario
confidencial de sus lamentos y congojas cuando contempló su desarticulación.
Ha llegado
al final de su jornada, recorrida toda su trayectoria que deja luminosos
destellos, porque nació con el fuego sagrado de la profesión a la que le dedicó
todas las actividades y todos sus desvelos. Si no llegó a donde sus aptitudes
debían haberlo conducido, ha sido únicamente debido a las calidades y virtudes
del temperamento que lo caracterizaba y que en la vida son obstáculos para el
éxito, porque era inexorable en las exigencias del cumplimiento del deber,
intolerable en el rendimiento del trabajo, que exigía en la medida con que
personalmente lo realizaba y su ética profesional lo privaba muchas veces de la
ductilidad imprescindible y necesaria en la vida de relación profesional. Todo
esto daba una característica propia a su personalidad que no le impidió darle
al país su continuada e ininterrumpida consagración a las actividades de todas
las instituciones nacionales que han ilustrado y han orientado a las industrias
agropecuarias a las que sirvió durante cincuenta años en estas actividades.
Ha sido el
primer inspector nacional de agricultura diplomado en el país, en 1888;
comisario en la Exposición Universal de París de la sección argentina, en 1889;
profesor de arboricultura en la Facultad de Agronomía de La Plata, en 1890. Fundador; organizador y director de la
Colonia Celina en el Paraná, en 1890 a 1899.
En 1904,
en un viaje de estudio a Estados Unidos y Egipto, dio a publicidad un verdadero
tratado del cultivo del algodón, la obra más completa en su género. Jefe de la
sección chacras experimentales y de la sección concursos y exposiciones del
Ministerio de Agricultura, en 1907; profesor en ese año de cultivos
industriales en la Facultad de Agronomía de La Plata; comisario general de la
Exposición Internacional de Agricultura del Centenario de 1909 a 1910.
Organizador,
creador y alma durante 21 años ad honorem del Museo Agrícola de la Sociedad
Rural Argentina, donde organizó sesenta y cinco diversos concursos agrícolas,
frutas, cereales, oleaginosas, etc.
Comisario
general de las exposiciones de la sección argentina en Turín y Roubaix, en
1911, segundo jefe de la División de Agricultura, en 1912 y jefe de la Sección
Botánica y de su laboratorio, de 1915 a 1918; profesor de Agricultura especial
en la Facultad de Agronomía de La Plata, en 1922.
Académico
titular de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria, en 1926; vicedecano
de la Facultad de Agronomía de Buenos Aires, en 1931.
Representó
al país en diversos congresos, concursos y exposiciones y en el Instituto
Internacional de Roma.
Su
incansable laboriosidad intelectual le ha permitido dejar una bibliografía
exuberante en libros, folletos, conferencias, numerosísimos artículos en la
prensa diaria y en las revistas, que han contribuido eficazmente a dilucidar
problemas y a intensificar conocimientos de nuestros problemas agropecuarios.
Todo esto caracteriza y es el fruto de una labor intensa, ininterrumpida durante cincuenta años. El Ingeniero Girola dejó el ejemplo más correctamente modelado a las juventudes profesionales del futuro de las ciencias agronómicas, de cómo se puede honrar al hombre, a la institución que lo formó y a la profesión que ejerció, y esto hará que en las aulas de las facultades de agronomía y en las instituciones agropecuarias del país perdure vuestro recuerdo con respeto y admiración”[5].
Más información acerca de Carlos (De
Alberti y) Girola a un año de su fallecimiento:
“CARLOS
GIROLA (1867 - 1934).
Al iniciarse
el día 5 de setiembre de 1934, ocurrió en la Capital Federal el óbito repentino
del ingeniero agrónomo don Carlos De Alberti (apellido materno)
Girola, ex-profesor titular de Agricultura (segunda parte) de nuestra Casa y
profesor, a la sazón, de la misma asignatura, en la Facultad de Agronomía, y
Veterinaria de la Universidad Nacional de Buenos Aires.
El
ingeniero Girola había nacido en Goya,
provincia de Corrientes, el 17 de abril de 1867, dedicándose con empeño,
apenas adolescente, a los estudios agronómicas que se impartían en el antiguo
Instituto de Santa Catalina, del cual egresó en diciembre de 1887, para ejercer
de inmediato su carrera con el establecimiento de una oficina de informaciones
agropecuarias y la explotación agrícola de la Colonia Celina, en la provincia
de Entre Ríos, departamento de Paraná. Recibió su respectivo diploma el 23 de
julio de 1888, siendo graduando Ingeniero agrónomo por la Facultad provincial
de Agronomía y Veterinaria de La Plata, en la colación de grados del 15 de julio
de 1891. Posteriormente, conforme al artículo 25 de la Ley Convenio del 12 de
agosto de 1905, el diploma del ingeniero agrónomo Girola tuvo la misma validez
de los que son otorgados por las Universidades de la Nación.
En nuestra
Facultad ejerció la enseñanza de Cultivos industriales (segunda parte de
Agricultura), desde el primero de abril del año 1908 hasta el 30 del mismo mes
de 1911; en 1913 se reincorporó a las tareas docentes, hasta el 4 de noviembre
del año 1920, dejando en buen pie de organización el respectivo Museo. Entre
tanto, en la Facultad de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires fue profesor
suplente de la misma asignatura, a partir del 18 de jumo de 1915, y su titular
desde diciembre de 1923 hasta el día de su muerte; es en esta Facultad donde el
ingeniero Girola desempeñó cargos directivos del Gobierno de la Universidad,
llegando a ser electo Vicedecano, para el período comprendido entre el 20 mayo
de 1931 y el 5 de abril de 1932, después de haber sido Concejero titular y
Delegado al Consejo Superior Universitario.
El
ingeniero Girola fue, además, Miembro de número de la Academia Nacional de
Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires. Poco antes de morir, había tomado
parte activa, desarrollando un tema relativo al cultivo del algodonero en
nuestro país, en las agronómicas que con tanto éxito patrocinó la Academia,
bajo la activísima presidencia del ingeniero agrónomo F. Pedro Marotta*.
Cuando la fundación del Ministerio de Agricultura de la Nación, en 1898, se incorporó al mismo como Jefe de la División de Agronomía, Botánica y Fitopatología, llamando entonces para ocupar la Jefatura de la Sección de Biología Vegetal, que comprendía las dos últimas especialidades mencionadas, al sabio filólogo, ingeniero agrónomo don Carlos Spegazzini*, de feliz memoria; el mayor mérito que cupo al ingeniero Girola en el desempeño de ese cargo fue el de la organización y dirección de la investigación agrícola en todo el territorio de la República, tarea en la que colaboraron numerosos técnicos y cuyas buenos resultados significaron, para la época, un adelanto apreciable e indiscutido, que tendía a establecer los fundamentos de la naciente Agronomía científica argentina.
ElMinisterio le encomendó, asimismo. en diversas oportunidades, las representaciones agrícolas del país en el extranjero, tanto en exposiciones como en delegaciones a Congresos; tuvo, por otra parte, a su cargo — alejado temporariamente del Ministerio — la instalación de la Exposición Agrícola e Industrial del año del Centenario (1910), con el carácter de Comisario General, en cuyo desempeño demostró el ingeniero Girola toda su capacidad de trabajo y su especial versación en la organización de certámenes de esa naturaleza, méritos que le valieron, en varias ocasiones, menciones y condecoraciones especiales de gobiernos extranjeros.
Desempeñó
por espacio de quince años (1915-1929) la Jefatura del Laboratorio de Botánica
del Ministerio de Agricultura, al cual estuvo incorporada también, hasta 1923,
la Sección de Patología Vegetal. No obstante toda la buena voluntad que puso el
ingeniero Girola para el ejercicio de este cargo, que no estaba de acuerdo con
su temperamento y preparación — hechos manifestados reiteradamente por él.
mismo , pudo adaptarse en sus funciones mediante la contribución y ayuda
desinteresada que le dispensaron botánicos reputados como Spegazzoni, Lillo,
Hicktn y Parodi, y técnicos como Lahittt, Clos y quien esto escribe.
Fue el
fundador y director honorario del Museo Agrícola de la Sociedad Rural
Argentina, actuando con singular contracción, a pesar de todas las dificultades
que se le oponían, desde 1911 a 1931; en este último año el Museo, producto de
tantas preocupaciones y afanes, fue clausurado por la precitada Institución,
medida deplorable sin duda, que recién ahora ha sido reconsiderada; este hecho
llevó mucha tristeza y amargura al ánimo del ingeniero Girola, que vio así
detenida una obra de indudable valor e importancia.
Las
publicaciones del ingeniero Girola pasan de ciento cincuenta y ellas se
reflejan, sobre todo, a temas de Agricultura especial, a apuntes de clase para
el curso que dictaba y a comentario sobre los conclusos y exposiciones
organizadas por él. Los títulos de sus principales trabados son los siguientes:
Agrícola en la República Argentina (1904); El Cultivo del lino para semilla en
la Argentina (1915); El Cultivo de maíz en la República Argentina (1921);
Cultivo de las plantas industriales en la República Argentina; El Cultivo del
maní en la Argentina (1921); El Cultivo de la Yerba Mate en la Argentina (varias
contribuciones); Plantas Textiles en la República (1928); Cultivo del
Algodonero en el mundo y especialmente en la República Argentina, obra ésta que
fue premiada en el Concurso Nacional de Ciencias de 1923; etc.
Sus
colaboraciones en periódicos, revistas, etc., suman más de quinientas; los
diarios «La Nación » y «La Razón», de Buenos Aires, eran los que registraban
casi toda su producción de divulgación Agrícola y los comentarios del momento,
sobre temas de igual índole. En un folleto distribuido por el mismo Girola,
bajo el título Pro Ciencia et experiencia, se registra en forma cronológica su
abundante bibliografía; su primera publicación, hecha en 1888, versa sobre la
filoxera de la Argentina.
El
ingeniero agrónomo Girola era, incuestionablemente, un gran trabajador v un
propulsor de mérito de nuevos cultivos en nuestro país, algunos de los cuales
hoy constituyen importante fuente de riqueza nacional. Modalidades de su
carácter, algo autoritario y un tanto misántropo a la vez, agravadas por
malestares físicos, así como por la falta de una orientación práctica y comprensiva
del alcance de muchos problemas agrícolas que él mismo planteaba, y de la
evolución racional que en ellos debía operarse, hacen que su obra, bien difusa
por cierto, no haya resultado todo lo sólida y concienzuda que hubiera sido
dado esperar. Esta falla puede disculparse si se piensa en las circunstancias
que le tocó actuar, lo múltiple de sus actividades y su intenso afán de
producir en un medio propicio, pero carente casi de seria bibliografía
agronómica; pero sí, hay que reconocerle, sin ambaje alguno, su férrea
voluntad, su tenacidad inquebrantable en el propósito y un elevado en la
finalidad de su labor. ¡En nombre de la Facultad de Agronomía de la Universidad
Nacional de La Plata tributo a su memoria el respetuoso y considerado recuerdo
que bien merece, quien fue uno de sus primeros diplomados y una de las columnas de la Agronomía
Argentina.
Noviembre
de 1935. JOSÉ F. MOLFINO”[6].
Nacimiento Oficial de Colonia “Celina”
La decisión de crear “Colonia Celina”
en una espacio mayor a las siete mil hectáreas nació a principios del año 1891,
aunque su mensura y amanzanamiento fue realizado en año anterior por el
Ingeniero Agrónom
o Carlos De Alberti Girola*. Más concretamente debemos remitirnos
a lo publicado en un periódico de Paraná el 28 de febrero de 1891: “Los
señores Coronel (José Francisco) Francisco Antelo, (Juan Matías) señor
Mayer (Mayr)*, (David) De Alberti y Luis Serrano venden
la “Colonia Celina” a través de los señores Brugo en calle Industria (esquina
de Buenos Aires y España)”[7].
“COLONIA CELINA. La Colonia Celina está situada en el
Departamento Paraná, Distrito Tala y tiene una superficie de 7.064 hectáreas y 33 áreas. Los campos
que la componen pertenecieron al Coronel don Francisco Antelo y sucesivamente a
los señores Mayer, (David)
De Alberti y Luís Serrano; hallándose
representados en el plano adjunto por los lotes Nº 1 y Nº 2, terreno vendido a
don Luís Serrano, concesiones al Sur y concesiones al Norte de Serrano. En la
parte que figura como vendida a don Luís Serrano se halla actualmente la
explotación agrícola o Granja dirigida por los propietarios. Todo lo demás es
para vender entre los colonos y constituye la Colonia Celina propiamente dicha.
La Colonia Celina linda al Norte con terrenos de la
Colonizadora Argentina y Colonia Cerrito; al Este con los campos del señor
Fidel Rodríguez, al Sur con la Colonia Crespo o Carbó y Villa Urquiza y al
Oeste con el río Paraná. Hállase pues completamente rodeada de colonias
florecientes y en condiciones especialmente favorables por su situación, los
medios de comunicación que presenta y su topografía.
El campo considerado en su conjunto ofrece pendientes
regulares que forman vertientes y concluyen en pequeños arroyos que llevan sus
aguas al río Paraná y surcan las tierras de sur a norte. Aun en épocas de grandes sequías estos arroyos conservan un
poco de agua en sus lechos, lo que es una gran ventaja para los animales. Se puede
también tener aguadas en cualquier punto del campo por medio de tajamares cuya
construcción es fácil y sencilla y económica, porque en el lugar mismo donde se
ejecutarían se hallarían todos los elementos necesarios.
A los largo de los
arroyos y de los pequeños valles que los bordan, se encuentran bosques que
siguen fajas regulares. Resulta que algunas partes del campo son completamente
despojadas de árboles y el arado podría entrar a trabajar directamente,
mientras que en otros se hace indispensable desmonte, operación que paga con
usura los gastos que engendra y proporciona beneficios por las clases de madera
que existe, los que consiguen precios altamente remuneradores. Los bosques se
extienden también desde las barrancas hacia la costa. Las principales esencias
que contienen son el ñandubay, el espinillo y el algarrobo, que suministran
excelentes maderas para cercos y para quemar. En la parte Este se hallan
extensas zonas limpias y muy aparentes para la agricultura.
La composición de
las tierras es sensiblemente la misma en todo el campo; predomina la arena
mezclada con la arcilla y la cal y una fuerte proporción de humus. La riqueza
del suelo es grande y su composición excelente. Prácticamente basta para
afirmarlo el examen de los trabajos, cultivos y producciones de la parte
afectada a la Granja. El subsuelo presenta, al contrario, una composición muy
variable, es ya calcáreo, ya gredoso, ya arcilloso, ya arenoso, pero en general
ofrece una buena composición favorable para el desarrollo de las plantas que se
cultiven.
La capa arable alcanza hasta 0,50 y un metro de
profundidad, especialmente en las partes llanas y bajas; en los puntos con
pendientes pronunciadas, las aguas han quitado una parte de la tierra vegetal
para depositarla en las partes más bajas, pero no son menos fértiles y
especialmente favorables para determinados cultivos. El subsuelo es profundo en
todas partes y ofrece un sostén sumamente favorable a las plantas.
Los pastos que predominan son duros y fuertes, propios
para la alimentación del ganado vacuno y caballares; ellos son abundantes y en
las partes donde el campo presenta bosques, se encuentran especies herbáceas
más tiernas, tréboles y gramíneas finas. Es indudable que la cría de los
animales mejoraría mucho los pastos que crecen actualmente, se pondrían más
tiernos y las especies aumentarían rápidamente porque ya existen en el campo en
las partes más ricas y protegidas.
La cría de ganado
conducida con tino, proporcionará beneficios seguros; pero su situación, su
vegetación, sus tierras, su climatología, el campo se presta para el buen éxito
de una hacienda rural; menester es hermanar el cultivo del suelo con la cría de
animales, allí se debe conceder más importancia a la primera operación, pues
será la que dará resultados más inmediatos y continuará a sufragar los gastos
que engendran el plantamiento (instalación) de
las explotaciones.
Sobre el río
Paraná, el campo presenta una barranca continua de una altura variable entre
25,50 y 70 metros, exceptuando el extremo norte, donde desaparece una pequeña
extensión y es, ya cortada a pique, ya con pendientes más o menos pronunciadas.
En la parte norte está interrumpida con frecuencia por los numerosos arroyuelos
que desembocan en el río Paraná; estos se encuentran por lo demás en toda la
extensión de las barrancas y por su ligero declive le comunican un aspecto
sumamente pintoresco, además de facilitar la bajada al río de los animales o de
carros, en caso que fuera necesario.
Cinco puntos
llaman particularmente la atención sobre la barranca por la facilidad que se
presenta para hacer bajadas al río, por la profundidad del mismo en la costa,
por la vista de que se goza, por sus ondulaciones suaves, por sus preciosas
exposiciones y ventajas para el establecimiento de cultivos especiales.
A cada kilómetro
existe un puerto natural abrigado y con mucha profundidad de agua. Presenta
partes altas y sanas donde el agua corre con facilidad hacia los arroyos de
manera que las aguas no se estancan nunca en ninguna parte y a fuer de las
reducidas zonas ocupadas por los arroyos, el campo es completamente utilizable
para la agricultura y la ganadería, con mayor razón.
Por lo expuesto, vése que el campo posee extensas zonas
que pueden cultivarse inmediatamente sin necesidad de recurrir al monte, y extensas
zonas pobladas de árboles que explotación puede proporcionar.
Se puede considerar que la parte cubierta de bosques
representa dos mil hectáreas y limpias cinco mil.
La sucesión de las
partes altas y de las bajas, de las lomas y de los valles, de los bosques y de
los prados, los arroyos que cruzan el campo, las barrancas con sus quebradas
que limitan el curso del río Paraná, la vista de que se goza, hacen de este
campo una comarca de las más pintorescas de la república, a la par que la
fertilidad de sus tierras le aseguran un porvenir espléndido.
El clima es templado y benigno; permite la vegetación de todas las especies de plantas y asegura la fructificación de la mayor parte; los inviernos son benignos, los veranos no muy calientes, las heladas negras o de invierno tardías, las heladas blancas o de primavera excepcionales, los granizos raros, las enfermedades de las plantas casi desconocidas hasta ahora. La vecindad del río mitiga los efectos de las heladas y permite el cultivo de las primicias (tempranas), que tan bien se pagan en nuestros mercados y que tantos beneficios proporcionan”[8].
El origen del nombre de Colonia “CELINA”
En varias
oportunidades hemos recibido como dato cierto una versión errónea respecto al
nombre de la población rural de Colonia “Celina”, del Distrito Tala, Dto.
Paraná, Entre Ríos.
Se atribuye dicho nombre a la esposa del ex Gobernador de Entre Ríos, J. Francisco Beatriz Antelo González, quien en realidad no era “Celina” sino que se llamaba: Lucila Acebal De La Serna, natural de Buenos Aires.
Hay algunos datos que nos acercan a la verdadera razón por la cual se adoptó el nombre de la colonia mencionada, que se instaló en campos de quien fuera originalmente el padre del ex Gobernador José Francisco Antelo González.
En primer lugar y como dato más certero, tomando los que ordenaron la venta de chacras a la familia Brugo, cuya casa de comercio estaba en la esquina de Buenos Aires y España de Paraná, entre ellos estuvo David De Alberti, italiano, nacido por 1844, agricultor, sabía leer y escribir, era propietario (Censo 10/05/1895), quien convivió con Celina R. de Alberti, francesa, nacida por 1855, sabía leer y escribir (Censo 10/05/1895). Ese David De Alberti era hermano de Francisco, socio comercial de Carlos Girola en Goya, Corrientes, en 1869 (según el Censo Nacional de dicho año); en el mismo censo – curiosamente – dos años después del nacimiento del ingeniero agrónomo Carlos Girola, no figuraron ni su madre ni él en los libros correspondientes al mencionado Censo Nacional.
Falta comprobar todavía si la madre fue una hermana de Francisco De Alberti, que pudo haber fallecido o pudo haber dado a su hijo de soltería, cuyo padre estaría vinculado al socio de dicho comerciante: Carlos Girola.
Por estos antecedentes documentales y dadas las coincidencias observadas, se puede deducir que el responsable técnico del emprendimiento agropecuario del que derivó Colonia Celina, Ing. Agr. Carlos De Alberti Girola, fue el que eligió el nombre para expresar el agradecimiento a su madre en el cariño, doña Celina Lafont de De Alberti, francesa, quien convivió con su tío Gaspar De Alberti.
Esta es la primera y la más firme de las hipótesis respecto a la denominación de Colonia Celina, que se podría complementar - de manera accesoria - como otro aporte que se sumó para la elección del nombre para la colonia experimental el siguiente motivo:
Es así que la esposa de David De Alberti y aquella hija en el cariño de la esposa del ex gobernador, coronel Antelo, también pasaron a formar parte de la historia geográfica de una porción del Distrito Tala del Departamento Paraná, que se denominó: Colonia “Celina”.
[1] División
Gobierno. Serie VII. Carpeta 3. Legajo 1. Archivo General de Entre Ríos)
[2] (División
Gobierno. Serie XII. Capeta 3. Legajo 13. Archivo General de Entre Ríos)
[3] (Folio 1. N° 29.
Libro de Protocolo de Títulos (Copia) Del Dpto. Paraná. Archivo Notarial de E.
Ríos)
[4]
https://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/135090
[5] (Versión
abreviada y adaptada del discurso del Ing. Agr. Pedro T. Pagés al inhumarse los
restos del Ing. Agr. Carlos D. Girola. En: Anales de la Acad. Nac. de Agr. y
Vet. 1:495-497. 1932-34)
[6] (http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/135090)
[7] (Periódico “El
Paraná” de Paraná, E. Ríos, 28/02/1891. Hemeroteca Museo M. Leguizamón de
Paraná)
[8] (Periódico “El Paraná” de Paraná, E. Ríos,
03/03/1891. Hemeroteca Museo M. Leguizamón de Paraná)
[9]
(https://www.todostuslibros.com/autor/girola-carlos-de-alberti)
[10] (Partida N° 303.
Folio 306. Libro M 1875. Ntra. Sra. del Aranzazú de Victoria)
[11] (Partida de
Nacimiento N° 700. Folio 389. Libro B 1886. Ntra. Sra. de Aranzazú de Victoria)